Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
Existe un rincón en la geografía colombiana donde el tiempo parece haberse congelado, literalmente, a más de cinco mil metros de altura. Lejos del ruido de las metrópolis y de la tiranía de los relojes modernos, se alza un gigante silencioso de roca y hielo que exige a sus visitantes una humildad absoluta. La Sierra Nevada del Cocuy, Güicán y Chita no es simplemente un destino turístico para coleccionar fotografías en redes sociales; es un santuario geológico, un altar indígena y, trágicamente, un testamento visual de la fragilidad del planeta.
Adentrarse en este ecosistema extremo, donde el oxígeno es un lujo y el frío cala hasta la médula de los huesos, es someter el cuerpo y la mente a una de las experiencias de peregrinación más monumentales y transformadoras que un ser humano puede vivir en Sudamérica.

Zizuma: El trono sagrado de los U’wa y el peso de la montaña
Para comprender la verdadera dimensión del Cocuy, hay que despojarse de la mirada del turista occidental y adoptar la cosmovisión de la nación indígena U’wa. Para ellos, este conjunto de picos nevados no es un parque nacional; es Zizuma, la morada sagrada de sus deidades, el lugar donde descansan los espíritus de sus ancestros y el punto exacto donde la tierra se comunica con el cosmos. Caminar por los senderos del Púlpito del Diablo, la Laguna Grande de la Sierra o el Ritacuba Blanco es transitar por un templo.
La montaña cobra su tributo a quienes osan desafiarla. El mal de altura o soroche se convierte en un juez implacable que no distingue entre fortunas ni estatus sociales. Cada paso exige una negociación mental; los pulmones arden reclamando aire y los músculos amenazan con paralizarse por la fatiga. Sin embargo, es precisamente en ese estado de vulnerabilidad extrema, al borde del colapso físico, donde el caminante experimenta una claridad espiritual abrumadora. Frente a la inmensidad de las paredes de hielo milenario, el ego humano se desmorona y da paso a un sobrecogedor sentimiento de insignificancia.

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La agonía de los gigantes: El llanto de los glaciares
Pero la imponencia del Cocuy esconde una realidad desgarradora. Las masas de hielo que alguna vez parecieron eternas e invencibles están agonizando bajo el peso implacable del calentamiento global. Según los glaciólogos, el retroceso de las nieves perpetuas en esta cordillera es tan acelerado que estamos presenciando las últimas décadas de su existencia.
Lo que hoy escuchan los montañistas en el silencio absoluto de la cumbre no es solo el silbido del viento andino; es el crujido del hielo fracturándose, el goteo constante de un glaciar que se está desangrando gota a gota para alimentar las cuencas hídricas del llano y la cordillera. Viajar hoy a la Sierra Nevada del Cocuy es un acto de urgencia histórica. Es la oportunidad de mirar a los ojos a un gigante blanco antes de que desaparezca para siempre, convirtiéndose en una simple leyenda que nuestros nietos solo conocerán a través de fotografías de archivo.
En Expresiones Colombia Radio, rendimos un tributo literario a este coloso herido. Subir al Cocuy es la máxima expresión del lujo analógico: desconexión digital total, supervivencia pura y la confrontación directa con la belleza más cruda de la creación. Quien logra posar su mano sobre esa nieve moribunda, regresa a la ciudad con el alma lavada y la conciencia alterada para siempre.
