Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
Cuando hablamos de la Copa del Mundo de 1950, la mente viaja inmediatamente al mítico «Maracanazo», ese fatídico 16 de julio donde la selección de Uruguay enmudeció a 200.000 almas en Río de Janeiro. Sin embargo, detrás de ese partido legendario, el primer Mundial celebrado después de la Segunda Guerra Mundial esconde una serie de curiosidades, absurdos y dramas humanos que los libros de historia deportiva a menudo pasan por alto.
El Mundial que no tuvo una gran final
Un dato que muy pocos conocen hoy en día es que el famoso «Maracanazo» no fue, técnicamente, una final. Para evitar eliminaciones tempranas y vender más boletos, la FIFA decidió que el torneo de 1950 se definiría mediante un cuadrangular final (un «todos contra todos») entre Brasil, Uruguay, Suecia y España. El destino quiso que el último partido del calendario enfrentara a los dos equipos con posibilidades matemáticas de ser campeones. A Brasil le bastaba un empate; Uruguay necesitaba ganar. El resto es historia.

El mito de los pies descalzos de la India
Una de las leyendas más fascinantes de este torneo involucra a la selección de la India. El equipo asiático había clasificado al Mundial, pero semanas antes del inicio, anunció su retirada oficial. Durante décadas se esparció el rumor de que la FIFA los había expulsado porque los jugadores indios se negaban a usar guayos y exigían jugar descalzos (como lo habían hecho en los Juegos Olímpicos de 1948). Aunque la historia es romántica, la verdad fue otra: la federación india simplemente no tenía el dinero para costear el larguísimo viaje en barco hasta Sudamérica y consideraban que los Juegos Olímpicos eran más importantes que un Mundial de fútbol.
El teletipo que nadie creyó: Estados Unidos vs. Inglaterra
Otro episodio surrealista ocurrió en la fase de grupos. Inglaterra, los «inventores del fútbol», llegaban como favoritos absolutos, mientras que Estados Unidos envió un equipo amateur conformado por un cartero, un lavaplatos y un conductor de carro fúnebre. Contra todo pronóstico, los norteamericanos ganaron 1-0. Cuando el resultado llegó por teletipo a las redacciones de los periódicos en Londres, los editores pensaron que era un error tipográfico y publicaron que Inglaterra había ganado 10-1.

La condena perpetua de Moacir Barbosa
Pero la historia más desgarradora del 50 es la del arquero brasileño Moacir Barbosa. Tras recibir el segundo gol uruguayo (el de Alcides Ghiggia), Barbosa fue convertido en el chivo expiatorio de toda una nación. Fue marginado social y profesionalmente. En 1993, la federación brasileña le prohibió visitar la concentración de la selección nacional porque lo consideraban «de mala suerte». Poco antes de morir en la pobreza en el año 2000, Barbosa pronunció una de las frases más tristes del deporte: «En Brasil, la pena máxima por un crimen es de 30 años. Yo he pagado más de 50 años por un crimen que no cometí».
