Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
Con la llegada de la década de 1980, la inocencia del fútbol murió para siempre y nació el hipernegocio moderno. El Mundial de España 1982 fue el primero en ampliar el torneo a 24 equipos, el primero en tener una mascota ultra comercial («Naranjito» estaba hasta en la sopa de letras) y el primero donde las marcas deportivas comenzaron a librar una guerra de millones de dólares.
Pero detrás de ese carnaval de dinero y marketing, España 82 escondió tres dramas deportivos brutales: la vergüenza de Alemania, la desesperación de un joven Maradona y la resurrección de un delantero italiano que literalmente venía de la cárcel.
La «Desgracia de Gijón» y el fraude más grande de la FIFA
Si hoy en día los últimos partidos de la fase de grupos se juegan a la misma hora, es por culpa de la trampa descarada que ocurrió en este mundial. Alemania Occidental y Austria descubrieron que si los alemanes ganaban 1-0, ambos equipos clasificaban y eliminaban a la sorprendente y amada selección de Argelia.
Los alemanes marcaron el gol en el minuto 10. Durante los 80 minutos restantes, los 22 jugadores de ambos equipos dejaron de jugar. Se dedicaron a pasarse la pelota en su propia área frente a un estadio que los abucheaba y les gritaba «¡Fuera, fuera!». Un relator alemán de televisión se negó a narrar y se quedó en silencio por vergüenza. Argelia quedó eliminada por un pacto de no agresión asqueroso.
El debut y la furia de Maradona
El mundo entero estaba paralizado esperando ver a un joven genio argentino de 21 años recién comprado por el Barcelona: Diego Armando Maradona. Pero el torneo fue una pesadilla para él. Los árbitros permitían el juego violento extremo, y Maradona fue masacrado a patadas en cada partido. La frustración y la presión lo consumieron. En el partido definitivo contra Brasil (que tenía un equipazo con Zico y Sócrates), Maradona explotó. En un acto de furia e impotencia, le clavó los botines en el estómago al brasileño Batista. Tarjeta roja directa y salida por la puerta de atrás. El genio tendría que esperar cuatro años más para su revancha.

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De la prisión a la gloria: El milagro de Paolo Rossi
El verdadero guion de película lo protagonizó Italia. Su delantero estrella, Paolo Rossi, venía de estar dos años suspendido tras ser investigado y pisar la cárcel por el escándalo del Totonero (una red mafiosa de apuestas ilegales en la liga italiana). Rossi llegó al mundial sin ritmo, oxidado y criticado por toda la prensa.
Durante la primera fase, no le hizo un gol a nadie. Italia parecía un desastre. Pero en la segunda ronda, Rossi despertó de forma demoníaca. Él solo le clavó tres goles al todopoderoso Brasil, eliminándolos del torneo en una tragedia nacional conocida como el «Desastre de Sarriá». Rossi continuó su masacre anotando en la semifinal y abriendo el marcador en la final contra Alemania Occidental. Italia fue campeona del mundo, y el hombre que salió de las sombras de las apuestas mafiosas terminó ganando la Bota de Oro.
