Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
Existen canciones que trascienden las fronteras del tiempo, el idioma y los géneros musicales para convertirse en himnos universales del alma humana. Si usted ha sintonizado Sábados de Antaño, seguramente ha cantado a todo pulmón aquellos versos que dictan: «Ya no estás más a mi lado, corazón / en el alma solo tengo soledad…». Es el inicio de «Historia de un Amor», probablemente uno de los boleros más famosos del planeta.
Interpretado por leyendas como Lucho Gatica, Pedro Infante, Julio Iglesias, Luis Miguel e incluso traducido al ruso, mandarín y árabe, este tema es considerado la máxima expresión del desamor. Sin embargo, el secreto mejor guardado de esta obra maestra es que no fue escrita para un amor romántico de pareja que se marchó, sino como un grito de dolor ante la muerte implacable.
La tragedia de los hermanos Eleta en Panamá
Para descubrir el origen de este clásico, debemos viajar a Panamá, al año 1955. El compositor de la canción es Carlos Eleta Almarán, un exitoso empresario panameño (fundador de la primera cadena de televisión de su país) que escribía canciones únicamente como pasatiempo. Carlos tenía una relación inquebrantable con su hermano, Arturo Eleta.
Arturo estaba felizmente casado con Mercedes, una mujer que iluminaba la familia y que era profundamente amada por todos. Pero el destino les tenía preparada una emboscada cruel: Mercedes fue diagnosticada con poliomielitis (otras fuentes históricas sugieren cáncer), una enfermedad que en aquella época era una sentencia rápida y devastadora. En cuestión de meses, Mercedes falleció, dejando a Arturo sumido en una depresión tan profunda que su familia temió por su vida.

Un consuelo convertido en bolero inmortal
Carlos Eleta, desesperado al ver a su hermano caminar como un fantasma por los pasillos de su casa, incapaz de asimilar la viudez repentina, decidió hacer lo único que sabía para intentar consolarlo: sentarse al piano.
En una sola noche de 1955, Carlos no escribió sobre su propio dolor, sino que canalizó empáticamente el sufrimiento de su hermano Arturo. Tomó la pluma y redactó la letra desde la perspectiva del viudo: «Es la historia de un amor / como no hay otro igual / que me hizo comprender / todo el bien, todo el mal / que le dio luz a mi vida / apagándola después…».
Carlos le entregó la canción a su hermano como un homenaje póstumo a Mercedes. Nunca tuvo la intención de comercializarla, pero la partitura llegó a manos de un sello discográfico que vio su potencial. Al año siguiente, el cantante chileno Lucho Gatica la grabó, y el dolor íntimo de la familia Eleta se convirtió en el desahogo de millones de personas alrededor del mundo.
