Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
En 2015, el universo pop latinoamericano fue sacudido por una canción que, al primer acorde de una guitarra acústica con sabor a son jarocho, se instaló en el ADN del despecho moderno: «Nunca Es Suficiente». Interpretada por la mexicana Natalia Lafourcade, la canción es un testamento de amor disfuncional, una plegaria de entrega absoluta y el grito de un corazón que se niega a sanar.
Hoy en día, sus cifras son astronómicas (su versión en cumbia con Los Ángeles Azules batió el récord histórico de visualizaciones en YouTube para un video mexicano), pero lo que casi nadie conoce es que este himno nació de una rebelión de su autora, una «traición» contractual y una noche de borrachera entre amigas con el corazón roto.
Un «regalo» que Natalia no quiso entregar
Para rastrear el origen de la canción, debemos viajar a un momento en que Natalia Lafourcade ya era una compositora reconocida pero atravesaba una profunda crisis de identidad artística tras el éxito de su disco Hasta la raíz. Su compañía discográfica, Sony Music, le pidió un favor que para ella era una tortura: que escribiera un «set» de canciones pop para el nuevo disco de nada más y nada menos que Paulina Rubio, la «Chica Dorada».
Natalia, cuyo estilo estaba más anclado en el folclor y la autoría íntima, no se sentía cómoda escribiendo pop «comercial» por encargo. Se sentía, en sus propias palabras, «emocionalmente no en un buen momento con el amor» y reacia a entregar sus sentimientos a otra voz. Pero el contrato la obligaba.

El «desahogo» con María Daniela y Su Sonido Lasser
Buscando una cómplice para sobrevivir a este encargo, Natalia llamó a su amiga Daniela Azpiasu, cantante de la banda electropop mexicana María Daniela y Su Sonido Lasser. Daniela llegó a casa de Natalia y, como confesaron años después, terminaron «borrachísimas» con varias botellas de vino que traía Daniela.
Con el vino como catalizador del dolor, ambas empezaron a desahogarse de sus respectivas malas de amores. «Era como vamos a tirarle, a tirarle, a tirarle… nos vamos a desahogar del amor para que se sienta culpable cuando lo oiga», recordó Natalia. Así, en medio de la borrachera y el llanto, surgió la melodía y los primeros versos: «Nunca es suficiente para mí, porque siempre quiero más de ti… yo quisiera hacerte más feliz, hoy, mañana, siempre, hasta el fin. Y tú te vas jugando a enamorar».
La traición final y el éxito en Iztapalapa
Cuando terminaron de escribir el tema, ambas se miraron y tuvieron una revelación neurológica. «No le podemos dar esto a nadie. Nos la tenemos que quedar nosotras», decidieron. Natalia Lafourcade se «rebeló» ante la disquera y se negó rotundamente a entregarle «Nunca Es Suficiente» a Paulina Rubio.
La canción fue incluida en su álbum Hasta la raíz (2015), convirtiéndose en un éxito instantáneo. Pero su estallido atómico final ocurrió en 2018, cuando la agrupación de cumbia más famosa del mundo, Los Ángeles Azules, invitó a Natalia a grabar una versión en su estilo «Cumbia Sinfónica». La mezcla del dolor crudo de la letra pop de Natalia con el ritmo contagioso y alegre de la cumbia de Iztapalapa creó un monstruo cultural que superó las 2.000 millones de reproducciones en YouTube, convirtiendo a «Nunca Es Suficiente» en un clásico de antaño instantáneo que pertenece ya a la memoria musical de toda Latinoamérica.
