La compañía española La Dramática Errante presenta en Bogotá una obra que explora la relación entre un padre y su hija, el duelo y la importancia de acompañar a quienes amamos.
Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
Hay temas que muchas veces preferimos mantener lejos de las conversaciones cotidianas, aunque formen parte inevitable de la experiencia humana. La muerte, las despedidas, el duelo y aquello que queda pendiente cuando alguien se va suelen aparecer en los momentos más íntimos, cuando las palabras no alcanzan para explicar lo que sentimos. Sin embargo, el teatro tiene la capacidad de acercarse a esas preguntas desde otro lugar: no para ofrecer respuestas definitivas, sino para ponerlas frente a nosotros y permitir que cada espectador encuentre su propia manera de interpretarlas.
Ese es el territorio al que nos invita Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán, una obra de la compañía española La Dramática Errante, escrita y dirigida por María Goiricelaya, que llega a Bogotá con funciones anunciadas para el 6 y 7 de noviembre de 2026 en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Su presencia en la programación capitalina representa una oportunidad para acercarse a una propuesta teatral contemporánea que aborda asuntos profundamente humanos y que invita a mirar de frente aquello que con frecuencia intentamos aplazar: la manera en que nos relacionamos con la pérdida y con la memoria de quienes ya no están.
Un padre y una hija emprenden un camino que va mucho más allá de Santiago
La historia se construye alrededor de Santi y Ana, un padre y su hija adulta que deciden recorrer juntos el Camino de Santiago después de atravesar una pérdida. Lo que podría parecer una peregrinación convencional se transforma progresivamente en un viaje emocional en el que ambos deben enfrentarse a recuerdos, silencios, conversaciones pendientes y preguntas que no siempre encuentran una respuesta sencilla. Mientras avanzan por una de las rutas de peregrinación más conocidas de Europa, también intentan comprender cómo acompañarse en un momento de fragilidad y cómo continuar viviendo después de una experiencia dolorosa.
El recorrido funciona como una metáfora de la propia existencia. Hay etapas que se atraviesan con entusiasmo, otras que exigen detenerse y algunas en las que el cansancio obliga a reconsiderar el rumbo. En ese trayecto, la relación entre padre e hija adquiere una nueva dimensión, porque el viaje les permite hablar de aquello que posiblemente habían dejado pendiente y descubrir que acompañar a alguien no significa tener todas las respuestas, sino permanecer cerca incluso cuando las palabras resultan insuficientes.
La dramaturgia de María Goiricelaya no plantea la muerte como un asunto exclusivamente triste ni pretende convertir el escenario en un espacio de solemnidad permanente. La obra incorpora humor, ternura y situaciones cotidianas para acercarse a una experiencia que suele estar rodeada de temor. Esa combinación es uno de sus elementos más interesantes: permite que el espectador transite entre la emoción y la sonrisa, reconociendo que hablar del final de la vida también puede ser una manera de reflexionar sobre la forma en que estamos viviendo.
El buen morir: una conversación que también habla de quienes se quedan
Uno de los asuntos centrales de la obra es el concepto del buen morir, relacionado con los cuidados paliativos, el acompañamiento y la dignidad de las personas durante la etapa final de la vida. No se trata solamente de pensar en quien enfrenta una enfermedad o se acerca a la muerte, sino también en quienes acompañan ese proceso, en las familias que deben tomar decisiones difíciles y en las personas que aprenden a convivir con una ausencia.
La propuesta adquiere así una dimensión que supera la historia particular de sus protagonistas. En muchas familias, hablar de la muerte sigue siendo una conversación aplazada, incluso cuando existen enfermedades, diagnósticos o circunstancias que hacen necesario prepararse emocionalmente. El temor a causar tristeza, la dificultad para encontrar las palabras adecuadas y la esperanza de que todavía haya tiempo pueden llevar a evitar preguntas importantes sobre los deseos, los cuidados y las despedidas.
El teatro puede abrir esa conversación sin convertirla en una lección. Al poner a dos personajes frente a una experiencia que los transforma, permite que el público observe sus reacciones, sus contradicciones y sus maneras de afrontar lo que sucede. Cada espectador llega con su propia historia, y probablemente habrá quien reconozca en la relación entre Santi y Ana algo de su experiencia con un padre, una madre, un hijo o una persona querida a quien tuvo que acompañar durante una enfermedad o una despedida.
Una producción vasca que llega a Bogotá
Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán es una producción de La Dramática Errante, compañía fundada por María Goiricelaya y Ane Pikaza, que regresa a Bogotá después de haber presentado anteriormente Altsasu en el Teatro Mayor. La obra cuenta con un elenco integrado por Ane Pikaza, Aitor Borobia, Loli Astoreka, Patxo Telleria, Egoitz Sánchez e Idoia Merodio, junto con un equipo artístico que trabaja la escenografía, la iluminación, el espacio sonoro, el vestuario y los recursos visuales que acompañan el recorrido de los protagonistas.
La propuesta también tiene una particularidad para el público bogotano: la función del viernes 6 de noviembre será hablada en euskera, lengua propia del País Vasco, con sobretítulos en castellano. Es una oportunidad poco habitual para escuchar otro idioma en una representación teatral y acercarse a una producción que lleva consigo una identidad cultural y lingüística particular.
Una invitación a encontrarse con el teatro
La obra tendrá dos funciones en el Teatro Estudio del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, el viernes 6 y el sábado 7 de noviembre de 2026, ambas a las 8:00 de la noche. Su duración aproximada es de 90 minutos y está recomendada para mayores de 14 años.
Más que una historia sobre la muerte, Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán propone una reflexión sobre los vínculos que construimos, la manera en que acompañamos a quienes amamos y la importancia de reconocer que la vida también está hecha de despedidas. Su paso por Bogotá permite descubrir una producción española contemporánea que utiliza el teatro para acercarse a una experiencia universal desde la intimidad de una relación familiar.
Desde Expresiones Colombia Radio queremos destacar estas propuestas que enriquecen la programación cultural de la ciudad y acercan al público a compañías que tienen algo significativo que contar. Por eso, estaremos atentos a las posibilidades de gestionar entradas de cortesía para nuestros lectores, de manera que más personas puedan conocer esta obra y disfrutar de una experiencia teatral en vivo.
Porque algunas historias no terminan cuando cae el telón; continúan en las conversaciones que despiertan y en las preguntas que cada espectador se lleva consigo al salir de la sala.
