Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
Cuando el Mundial de Rusia comenzó el 14 de junio de 2018, la mayoría de los expertos creía saber cómo terminaría la historia. Alemania llegaba como campeona defensora y aparecía entre las principales favoritas. Brasil había reconstruido su proyecto después de la humillación sufrida cuatro años antes en casa. España mantenía una generación de futbolistas acostumbrada a competir al máximo nivel. Argentina contaba con Lionel Messi y Portugal con Cristiano Ronaldo.
Todo parecía indicar que una de las grandes potencias volvería a levantar la Copa del Mundo.
Sin embargo, Rusia 2018 terminó convirtiéndose en un torneo donde las certezas desaparecieron una tras otra. Los favoritos comenzaron a caer, las predicciones dejaron de tener sentido y una pequeña nación balcánica de apenas cuatro millones de habitantes terminó escribiendo una de las historias más extraordinarias que ha dejado el fútbol moderno.
Fue el Mundial donde los gigantes descubrieron que su historia ya no era suficiente para ganar partidos.
El torneo que comenzó con una sorpresa inesperada
Si hubo una imagen que definió el inicio de Rusia 2018 fue la eliminación de Alemania. La selección alemana llegaba al torneo con la confianza que otorga haber conquistado el Mundial anterior. Su estructura parecía sólida, su plantel mantenía buena parte de los campeones de Brasil 2014 y pocos imaginaban que pudiera quedarse fuera en la primera ronda. Sin embargo, el fútbol volvió a demostrar que la historia y el prestigio no garantizan resultados. Alemania perdió inesperadamente frente a México en su debut, logró una agónica victoria contra Suecia y terminó cayendo ante Corea del Sur en uno de los resultados más sorprendentes de la historia reciente de las Copas del Mundo.
La eliminación alemana tuvo un enorme valor simbólico. Por primera vez desde 1938, el campeón defensor abandonaba el torneo en la fase de grupos. Las imágenes de los jugadores saliendo del campo en silencio recorrieron el planeta y confirmaron que Rusia 2018 estaba decidido a romper todos los pronósticos. Lo que parecía un accidente aislado pronto se convirtió en una tendencia que afectó a otras potencias tradicionales.
España llegó al campeonato en medio de una crisis inesperada tras la salida de Julen Lopetegui pocos días antes del debut. Aunque logró avanzar a los octavos de final, nunca encontró la solidez que había caracterizado a sus mejores generaciones y terminó siendo eliminada por Rusia ante una multitud local que celebró una de las mayores sorpresas del torneo. Argentina tampoco logró transmitir seguridad. La selección de Lionel Messi avanzó con enormes dificultades y mostró problemas futbolísticos que terminaron reflejándose en la derrota frente a Francia. Portugal, impulsado por Cristiano Ronaldo, también se despidió prematuramente, mientras que Brasil volvió a quedarse corto frente a Bélgica cuando parecía recuperar parte del prestigio perdido cuatro años atrás.
Cada ronda dejaba una sensación similar. Los gigantes seguían teniendo grandes futbolistas, pero ya no resultaban invulnerables. El fútbol mundial parecía entrar en una etapa distinta, donde la organización, el trabajo colectivo y la disciplina táctica podían equilibrar diferencias históricas que durante décadas parecieron insalvables.

La epopeya de Croacia
Mientras las grandes potencias tropezaban, Croacia comenzó a construir una de las historias más emocionantes que ha dejado el fútbol moderno. Sobre el papel, resultaba difícil imaginar que una nación de poco más de cuatro millones de habitantes pudiera competir de igual a igual contra países con poblaciones diez o veinte veces mayores. Sin embargo, aquel equipo poseía una mezcla extraordinaria de talento, carácter y experiencia.
Luka Modrić se convirtió en el líder de una generación que había crecido escuchando historias de guerra, reconstrucción y sacrificio. Muchos de aquellos futbolistas pertenecían a una sociedad que había atravesado profundas dificultades desde su independencia en la década de 1990. Esa experiencia parecía reflejarse en la personalidad del equipo, que encontró recursos para superar cada obstáculo que aparecía en su camino.
Croacia eliminó a Dinamarca en una dramática definición por penales. Después dejó en el camino a Rusia, la selección anfitriona, ante estadios repletos de aficionados locales. Más tarde derrotó a Inglaterra en semifinales y consiguió la clasificación para la primera final mundialista de su historia. Cada victoria alimentaba una ilusión colectiva que trascendía el deporte y que convertía a la selección croata en la representación de un país entero.
La magnitud de la hazaña resultaba evidente. Croacia estaba a un paso de conquistar el trofeo más importante del planeta y lo hacía enfrentando a rivales con mayores recursos, poblaciones más numerosas y una tradición futbolística mucho más extensa. Durante algunas semanas, millones de aficionados neutrales alrededor del mundo adoptaron a Croacia como su selección favorita, fascinados por una historia que parecía escrita para demostrar que todavía existía espacio para los sueños imposibles.

Francia conquista una nueva era
Francia llegó al Mundial con una generación extraordinaria de futbolistas jóvenes y talentosos. A diferencia de otros favoritos, avanzó por el torneo sin llamar excesivamente la atención, construyendo sus victorias desde el equilibrio colectivo y la fortaleza táctica. Antoine Griezmann, Paul Pogba y N’Golo Kanté aportaban experiencia y calidad, mientras un joven de apenas diecinueve años comenzaba a captar la atención del mundo entero. Su nombre era Kylian Mbappé.
A medida que avanzaba el campeonato, Francia mostró una madurez sorprendente. No necesitaba dominar todos los partidos ni producir exhibiciones espectaculares. Su principal virtud consistía en entender cada momento del juego y aprovechar las oportunidades con una eficacia notable. Esa combinación la convirtió en una selección extremadamente difícil de superar.
La final disputada en Moscú reunió dos historias completamente diferentes. Francia buscaba confirmar el nacimiento de una nueva generación campeona. Croacia intentaba culminar una de las gestas más extraordinarias de la historia de los Mundiales. El encuentro fue intenso y emocionante, pero la profundidad del plantel francés terminó marcando la diferencia. La victoria por 4-2 permitió a Francia conquistar su segunda Copa del Mundo y confirmó la aparición de una generación que dominaría buena parte de la década siguiente.

El legado de Rusia 2018
Rusia 2018 dejó una enseñanza que sigue vigente años después de la final. El fútbol mundial había cambiado. Las grandes selecciones continuaban siendo poderosas, pero ya no podían confiar únicamente en su historia. La eliminación de Alemania, las dificultades de Argentina, la temprana despedida de España y la irregularidad de Brasil demostraron que el equilibrio competitivo era mayor que nunca.
El torneo también marcó el surgimiento definitivo de nuevas figuras destinadas a protagonizar los años siguientes. Mbappé apareció como una futura superestrella del fútbol mundial, mientras Luka Modrić alcanzó el punto más alto de su carrera y se convirtió en el símbolo de una selección que desafió todos los pronósticos.
Sin embargo, el recuerdo más poderoso de Rusia 2018 sigue estando asociado a Croacia. Su recorrido recordó al mundo que el fútbol conserva una capacidad única para desafiar la lógica y para convertir en protagonistas a quienes parecían destinados a desempeñar un papel secundario. Por esa razón, cuando se habla de aquel Mundial, muchos aficionados no piensan primero en el trofeo levantado por Francia, sino en la pequeña nación balcánica que estuvo a un paso de conquistar el planeta y que devolvió al fútbol una de sus virtudes más valiosas: la capacidad de hacer creer en lo imposible.
FICHA DEL MUNDIAL
Sede: Rusia
Fechas: 14 de junio al 15 de julio de 2018
Campeón: Francia
Subcampeón: Croacia
Tercer lugar: Bélgica
Cuarto lugar: Inglaterra
Balón de Oro: Luka Modrić (Croacia)
Bota de Oro: Harry Kane (Inglaterra) – 6 goles
Mejor arquero: Thibaut Courtois (Bélgica)
Jugador joven destacado: Kylian Mbappé (Francia)
Selección revelación: Croacia
Partidos disputados: 64
Goles anotados: 169
Promedio de gol por partido: 2,64
Asistencia total: 3.031.768 espectadores
Estadios utilizados: 12
Ciudades sede: Moscú, San Petersburgo, Kazán, Sochi, Nizhni Nóvgorod, Samara, Saransk, Rostov del Don, Kaliningrado, Volgogrado, Ekaterimburgo y Sochi.
Dato histórico: Rusia 2018 marcó la primera eliminación de Alemania en fase de grupos desde 1938 y llevó a Croacia a disputar la primera final mundialista de su historia. Además, presentó al mundo a Kylian Mbappé como una de las grandes figuras del fútbol del siglo XXI.
