Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
Si Suecia 1958 fue el mundial del arte y la elegancia, la Copa del Mundo de Chile 1962 fue el torneo de la supervivencia. Considerado por los historiadores como el mundial más violento y salvaje jamás jugado, esta edición estuvo a punto de ser cancelada por los desastres naturales y se convirtió en la prueba de fuego definitiva para una selección brasileña que se quedó sin su gran rey.
Un país en ruinas y el torneo del terror
Dos años antes del inicio, en 1960, Chile sufrió el terremoto de Valdivia (el más fuerte registrado en la historia de la humanidad, con 9.5 grados). El país quedó en ruinas. Cuando la FIFA sugirió cambiar de sede, el dirigente chileno Carlos Dittborn pronunció la frase inmortal que salvó el torneo: «Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo».
Con estadios improvisados y un ambiente de tensión global, el balón rodó. Pero el fútbol pasó a un segundo plano. Los equipos europeos, temerosos del talento sudamericano, recurrieron a la brutalidad pura. El punto de ebullición fue el partido entre Chile e Italia, conocido hoy como «La Batalla de Santiago». Hubo puñetazos en la cara, patadas voladoras dignas de artes marciales y la policía tuvo que entrar tres veces al campo para separar a los jugadores. El árbitro inglés Ken Aston inventaría más tarde las tarjetas amarilla y roja inspirado en el caos de este mundial.

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La tragedia del Rey y el milagro de la pierna torcida
El drama real para Brasil llegó en su segundo partido contra Checoslovaquia. Pelé, la máxima estrella global, sufrió un desgarro muscular masivo que lo dejó fuera de todo el mundial. El pánico se apoderó del país. ¿Cómo ganar sin su Rey?
La respuesta fue un jugador con las piernas asimétricas, la columna torcida y una mente de niño: Garrincha. El «Ángel de las piernas torcidas» asumió el liderazgo absoluto del equipo. Hizo lo que quiso con las defensas rivales, anotando goles de cabeza, de zurda y de tiro libre. Fue tan imparable que en las semifinales contra Chile lo expulsaron por desesperación, pero la FIFA (en un acto inédito) le quitó la sanción para que pudiera jugar la final.
Brasil venció a Checoslovaquia 3-1 en la gran final. Garrincha no solo les dio el bicampeonato mundial; demostró que, a veces, los que nacen con todo en contra son los que terminan cargando el mundo sobre sus hombros.
