Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
La Semana Santa, independientemente de la orilla de fe desde la que se le mire, es universalmente un tiempo de pausa. Es una semana que históricamente nos invita a reflexionar sobre el sufrimiento, el sacrificio, la resiliencia y la esperanza de la resurrección. Y si existe un documento escrito en la historia de la humanidad que encarna magistralmente todos estos conceptos —sin ser un texto religioso— es la obra maestra del psiquiatra austríaco Viktor Frankl: «El hombre en busca de sentido».
Publicado originalmente en 1946 bajo el título Un psicólogo en un campo de concentración, este libro no es solo un relato de supervivencia; es un tratado médico y filosófico sobre la capacidad indomable del espíritu humano para encontrar luz en la oscuridad más absoluta.
La psiquiatría desde el abismo de Auschwitz
Viktor Frankl no escribió desde la comodidad de un consultorio. Lo hizo desde las literas de madera y el frío congelante de los campos de exterminio de Theresienstadt, Auschwitz y Kaufering. Como prisionero número 119.104, Frankl fue despojado de su identidad, de su esposa, de sus padres (quienes murieron en los campos) y del manuscrito de toda su vida investigativa.
Mientras la mayoría de los prisioneros sucumbían a la desesperación y a la aniquilación física, Frankl utilizó su ojo clínico para observar algo fascinante: los prisioneros que lograban sobrevivir más tiempo no eran necesariamente los más fuertes físicamente, sino aquellos que tenían un «porqué» para vivir. Un propósito. Ya fuera el deseo de reencontrarse con un hijo, la meta de terminar un libro o la convicción de ayudar a los demás en la barraca.

La Logoterapia y el paralelo con la pasión
De esta observación en el infierno nació la «Logoterapia», la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia, que postula que la fuerza motivacional primaria del ser humano es la búsqueda de significado.
El paralelo con los días de Semana Santa es abrumador. Frankl concluyó médicamente que el sufrimiento es inevitable en la experiencia humana (el equivalente al calvario o la cruz), pero que la forma en que reaccionamos ante ese sufrimiento es la máxima expresión de nuestra libertad interior. Frankl escribió: «Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias—».

Un antídoto contra el vacío moderno
Recomendamos esta lectura para estos días de recogimiento porque el mundo actual sufre de lo que Frankl llamó «el vacío existencial». Tenemos más comodidades que nunca, pero nos ahogamos en la ansiedad y la falta de propósito. Leer este libro (que apenas supera las 150 páginas en su primera parte narrativa) es recibir una bofetada de perspectiva. Es entender que si un hombre pudo encontrar esperanza mientras marchaba en la nieve con los zapatos rotos hacia las cámaras de gas, nosotros tenemos la capacidad de resignificar nuestros propios dolores, deudas, duelos familiares y crisis personales.
Si esta Semana Santa usted solo tiene tiempo para un libro, elija esta joya clínica y profundamente humana. Le garantizamos que su mente y su perspectiva de vida no serán las mismas al cerrar la última página.
