Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
Cuando un colombiano se encuentra lejos de su tierra y suenan los primeros compases de un clarinete juguetón y cadencioso, la piel se eriza instantáneamente. Si existe una composición musical que ostenta el título indiscutible de ser la canción colombiana de antaño más universal, versionada y difundida en la historia, es La Pollera Colorá. Más que un éxito de ventas o un hit radial, esta cumbia se transformó en la cédula de identidad rítmica de Colombia ante el mundo. Pero su nacimiento no fue planeado en un gran estudio de grabación, sino que surgió de la improvisación, el calor de las noches de cabaret y una disputa legal que duró décadas.
El origen instrumental en el calor de Barrancabermeja
Para rastrear el nacimiento de esta joya, debemos viajar a 1960, al puerto petrolero de Barrancabermeja. En el famoso y concurrido bar «Hawái», la orquesta de planta del músico Pedro Salcedo amenizaba las noches interminables. El clarinetista de la agrupación era un talentoso músico sucreño llamado Juan Madera Castro.
Madera notó que las mujeres que asistían al club a bailar, especialmente una joven que frecuentaba el lugar, llevaban faldas rojas muy llamativas que ondeaban al ritmo de la música. Inspirado por ese movimiento hipnótico y el rojo encendido, Madera comenzó a improvisar una melodía en su clarinete. La melodía era tan pegajosa y alegre que pronto se convirtió en el clímax de la noche en el cabaret. Inicialmente, La Pollera Colorá era una pieza estrictamente instrumental.
La letra que le dio voz al mito
El impacto de la melodía era innegable, pero le faltaba el elemento que la llevaría a la inmortalidad: la letra. Dos años después, en 1962, el cantante de la misma orquesta, el barranquillero Wilson Choperena, decidió que esa melodía necesitaba una historia. Choperena compuso los icónicos versos que hoy todos conocemos: «Ay, al son de los tambores, esta negra se amaña… y al sonar de la caña, va brindando sus amores».
La orquesta viajó a Medellín para grabar la canción bajo el sello Discos Fuentes (otros afirman que fue en Discos Tropical). El éxito fue un estallido atómico. La canción cruzó las fronteras a una velocidad vertiginosa, convirtiéndose en el estándar de oro de la cumbia colombiana en México, Argentina, Europa y Estados Unidos.
El amargo sabor de los estrados judiciales
Sin embargo, el éxito desmesurado trajo consigo una de las disputas por derechos de autor más largas de la historia musical colombiana. Durante años, Wilson Choperena figuró en los registros como el único autor de la obra, recaudando la inmensa mayoría de las regalías que la canción generaba a nivel mundial. Juan Madera, el creador de la melodía original de clarinete, emprendió una batalla legal para ser reconocido como el compositor de la música.
Tras décadas de litigios, la justicia colombiana finalmente le dio la razón a Madera en 2010, estableciendo que La Pollera Colorá tiene dos padres: Juan Madera como autor de la música y Wilson Choperena como autor de la letra.

Un legado que no sabe de fronteras
Hoy, en Expresiones Colombia Radio, rendimos tributo a esta obra maestra que ha sido interpretada por orquestas sinfónicas, bandas de rock, artistas pop y grandes agrupaciones tropicales a nivel global. La Pollera Colorá es la demostración perfecta de cómo una melodía nacida de la observación cotidiana en un bar de provincia puede alcanzar la gloria eterna y poner a bailar al planeta entero al ritmo de Colombia.
