Por: Marlene Vega y Álvaro Cruz
La tercera edición de la cita máxima del fútbol, la Copa Mundial de la FIFA Francia 1938, no fue un torneo cualquiera. Mientras los estadios vibraban, Europa respiraba un aire tenso y premonitorio. Fue el último mundial antes de un silencio de 12 años provocado por la guerra, y estuvo lleno de datos extraños que hoy parecen sacados de una novela de suspenso.
El mundial de las ausencias y las amenazas
Francia 1938 fue el mundial donde la política «goleó» al deporte. Argentina y Uruguay se negaron a participar porque la FIFA no cumplió con la rotación de continentes, pero lo más impactante fue lo ocurrido con Austria. El equipo austríaco ya estaba clasificado, pero tras la anexión por parte de la Alemania nazi (el Anschluss), el país dejó de existir y sus jugadores fueron obligados a jugar bajo la bandera alemana.

Datos «de otro mundo» y curiosidades:
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«Vencer o Morir»: Se dice que antes de la final contra Hungría, el equipo de Italia (liderado por Giuseppe Meazza) recibió un telegrama del dictador Benito Mussolini con tres palabras: «Vincere o morire». Afortunadamente para ellos, ganaron 4-2 y se convirtieron en los primeros bicampeones de la historia.
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El goleador descalzo: El brasileño Leónidas da Silva, conocido como el «Diamante Negro», anotó un gol contra Polonia jugando sin un zapato. El campo estaba tan embarrado que su botín se salió, pero eso no le impidió marcar.
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Cuba, el invitado sorpresa: Fue el primer y único mundial donde participó Cuba. Llegaron a cuartos de final tras eliminar a Rumania en un partido de desempate, convirtiéndose en la gran revelación del torneo.
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El primer «Maracanazo» antes de tiempo: Brasil se sentía tan seguro de llegar a la final que compró los pasajes de avión para París (donde se jugaba el último partido) antes de jugar la semifinal contra Italia. El técnico brasileño dejó a su estrella Leónidas en la banca para «descansarlo», Italia ganó 2-1 y Brasil tuvo que jugar el tercer puesto con los pasajes ya comprados.
El legado de 1938
Francia 1938 nos dejó el primer gran récord de asistencia en un mundial y la consolidación de Italia como la primera potencia del fútbol. Fue un torneo donde el talento tuvo que luchar contra el miedo, y donde el balón rodó por última vez antes de que el mundo cambiara para siempre.
